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Aunque la tradición de la cafeomancia se le
adjudica a los franceses del siglo XVII, según parece la
constumbre de escudriñar lo que podía marcar un tazón
que contenía cafe es bastante antigua. Posiblemente debamos
remitirnos a un origen indeterminado en el continente Africano y
tembién en Asia. Desde allí, los viajeros y comercantes
europeos lo exportaron a otros países, aunque la primera
obra conocida que aborda el tema corresponde a un adivino florentino,
Tomás Tamponelli, que redactó un sencillo manual de
cafeomancia allá por el siglo XVII. También sabemos
que en las cortes de los zares de Rusia y en los caravasares (albergues
en los que destacaban las caravanas) eran lugares donde la práctica
de la cafeomancia era una buena excusa para pasar un rato agradable
y desvelar el futuro.
Una preparación ritual
Los posos de café no puede leerse de cualquier forma. Es
necesaria una preparación que muchas veces es ritual. De
esta forma, tanto quien prepara la cafetera que es quien después
interpretará las señales, como la persona que consulta,
deben estar concentrados y armonizados en ritual. Así vemos
que muchas veces el café se prepara trás la audición
de una serie de melodías que predispongan a la apertura de
los sentidos o bien cuando adivino y consultante ya han charlado
amistosamente y ambos se conocen. Por supuesto, tenemos la modalidad
de "autooráculo", que consiste en ser uno mismo
quien prepara el café y quien lo lee.
Plato o taza
Para la práctica de la cafeomancia es necesario el café
y nada más, salvo azúcar fino. No servirá pues
el clásico café con leche o manchado y menos todavía
un carajillo. Debe de ser café, café y no soluble.
Pero antes de entrar en materia, tengamos en cuenta que hay dos
sistemas de practicar el oráculo. Una metodología
es "al plato" y consiste en recurrir a los posos sobrantes
de la cafetera y leerlos sobre un plato. El otro método es
"a la taza", se basa en observar los cercos y manchas,
que ha dejado el café tanto en el fondo de la taza como en
sus paredes trás haber sido ingerido.
Sistema del plato
Es la forma más antigua de lectura que se conoce. Para proceder
el consultante cierra los ojos, piensa en aquello que desea preguntar
y formula su duda en voz alta. Acto seguido se cojo poso sobrante
de café que está en la cafetera y se coloca sobre
un paño de color blanco. Se aprieta el paño a fin
de eliminar el máximo de humedad del café. Ya en este
momento se puede efectuar una primera lectura, dado que el café
provocará una mancha en la tela. La observación de
esta mancha nos dará como resultado un símbolo para
interpretar.
Cuando el poso está escurrido, se toma con ambas manos, es
colocado en un plato llano y el adivino, cerrando los ojos y formulando
de nuevo la pregunta en voz alta, lo hace oscilar delicadamente
para que el poso de café cubra la superficie del plato.
Llega el momento de la interpretación. Se observan las figuras,
islas o cualquier otro símbolo que esté en el plato.
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